CAPÍTULO 17
Una hora más tarde, Sebastián estaba sentado con la espalda recta. Frente a él estaba Mateo, el prometido de Clara. Mateo era un hombre de unos treinta y tantos años, con barba de tres días, una camisa de lino abierta hasta la mitad del pecho y una cámara analógica colgada al cuello.
— Entonces, hermano —dijo Mateo, con un acento argentino arrastrado y relajado—, ¿tú te dedicas a defender a los malos o a los buenos?
Sebastián parpadeó lentamente ante el uso de la palabra "hermano".