CAPÍTULO 54Bianca— Buenos días, mi niña —dijo Lupe, entrando con la bandeja de plata sostenida con una firmeza que siempre me sorprendía para su edad.— Gracias, Lupe —respondí, acomodándome los cojines tras la espalda. Me sentía extrañamente vulnerable en la cama, todavía rodeada por el calor que el cuerpo de Jaxson había dejado en las sábanas.Ella dejó la bandeja sobre mis piernas con una sonrisa maternal, pero sus ojos, esos ojos que siempre me habían parecido pozos de sabiduría y bondad, recorrieron la habitación con una rapidez felina. Se detuvieron un segundo de más en la almohada vacía al lado de la mía, donde la marca de la cabeza de Jaxson era aún evidente.— ¿Cómo dormiste, cariño? —preguntó, mientras vertía el jugo de naranja en el vaso de cristal. Su voz era suave, pero había una nota de curiosidad que me hizo erizar el vello de los brazos.Me llevé la taza de café a los labios, buscando refugio en el calor del líquido. — Bien... —admití, aunque dudé un segundo antes d
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