CAPÍTULO 54
Bianca
— Buenos días, mi niña —dijo Lupe, entrando con la bandeja de plata sostenida con una firmeza que siempre me sorprendía para su edad.
— Gracias, Lupe —respondí, acomodándome los cojines tras la espalda. Me sentía extrañamente vulnerable en la cama, todavía rodeada por el calor que el cuerpo de Jaxson había dejado en las sábanas.
Ella dejó la bandeja sobre mis piernas con una sonrisa maternal, pero sus ojos, esos ojos que siempre me habían parecido pozos de sabiduría y bondad,