CAPÍTULO 58
jaxson
Cruzar el umbral del comedor con la mano de Bianca entrelazada con la mía se sintió como la gloria. Por un instante, el aire pesado de la finca pareció aclararse, dejando fuera el olor a pólvora y traición que me había perseguido todo el día.
Nos sentamos y Lupe, con su eficiencia silenciosa de siempre, sirvió la cena. Noté cómo sus ojos se demoraban un segundo de más en nosotros, analizando el contacto de nuestras manos. Lupe me conocía mejor que nadie; ella me había visto