CAPÍTULO 61Bianca Me quedé sentada en el borde de la cama, mirando la puerta cerrada, esperando el sonido de sus pasos que sabía que no llegarían hasta el amanecer. Las palabras de Elena seguían dándome vueltas en la cabeza: "Lupe dice que usted es muy complicada".Sentí una sequedad pastosa en la garganta, una sed nacida de la ansiedad y el desconcierto. Por instinto, alargué la mano hacia la mesita de noche. Lupe siempre, sin falta, me dejaba una jarra de cristal con agua fresca y unas rodajas de limón a la par de la cama. Era uno de esos gestos que me hacían creer que ella realmente me quería. Pero al tocar la superficie de madera, mis dedos solo encontraron el vacío.La jarra no estaba. La mesita estaba limpia, desierta.— ¿Incluso esto, Lupe? —susurré para mí misma.Si Lupe no se sentía bien, era lógico que lo hubiera olvidado, pero después de lo que me dijo Elena, el olvido se sentía como un mensaje. Sentí una punzada de rebeldía. No me iba a quedar allí encerrada, rumiando mi
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