Capítulo 69El sol de la mañana se filtraba por las contraventanas, trazando líneas de oro sobre el cuerpo de Isolde, que descansaba con una serenidad casi irreal. Alaric la observó durante unos minutos más, embriagado por la calma que solo su presencia podía otorgarle. Pero el mundo exterior no se detenía. La vibración en su sangre, esa sintonía que ahora lo conectaba con la villa y sus alrededores, le advirtió que algo estaba cambiando en el jardín.Se vistió con lentitud, sintiendo cada músculo de su cuerpo cargado con una vitalidad renovada. Al salir a la planta baja, encontró a Marcus apostado junto a la ventana del salón principal, observando el exterior con el ceño fruncido.—Tenemos invitados, Alaric —dijo Marcus sin apartar la vista—. Y no parecen estar aquí para pedir autógrafos.Alaric se acercó. En el jardín de piedra, donde las flores habían crecido de manera antinatural durante la noche, una decena de personas permanecían inmóviles. No vestían uniformes, pero todos compa
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