Capítulo 78
La aurora sobre el Mediterráneo tiñó el cielo de un carmesí profundo, pero para Alaric, la única luz que importaba era la que emanaba de la piel de Isolde. Aunque los "resuenes" se congregaban en la distancia como una marea silenciosa de ojos brillantes, él no podía apartar la mirada de la mujer que tenía entre sus brazos. La adrenalina del combate y la caída desde las estrellas se había transmutado en algo mucho más antiguo y potente: una sed de pertenencia, un hambre de carne y al