Capítulo 74
El rugido del motor de la lancha de carbono era el único sonido que rasgaba el silencio antinatural del Mediterráneo. Alrededor de ellos, el agua parecía haber perdido su transparencia, convertida en un espejo viscoso que reflejaba las columnas de luz que ascendían desde la costa francesa hacia las naves nodrizas. En el interior de la pequeña embarcación, el aire estaba saturado de una tensión eléctrica que hacía que la piel de Alaric y de Isolde hormigueara con una intensidad casi