Capítulo 75
El interior de la nave nodriza no era metal frío, sino una amalgama de tejidos sintéticos y fluidos bioluminiscentes que palpitaban al ritmo de un corazón titánico. El aire allí dentro era denso, saturado de feromonas y una energía estática que erizaba el vello de la nuca. Alaric e Isolde se encontraban en el centro de una cámara cuya estructura recordaba a un útero tecnológico; las paredes se curvaban suavemente, bañadas en un resplandor ámbar que parecía reaccionar a su sola prese