Capítulo 10: El Dominio de la SensaciónEl silencio regresó a la gruta, pero era un silencio vibrante, cargado con el residuo de la onda sensorial que Isolde había desatado. Las guerreras de Valerius yacían inconscientes en la entrada, atrapadas en un letargo de placer que sus mentes tardarían horas en procesar. Alaric, sin embargo, no sentía cansancio. Al contrario, la demostración de poder de su esposa había actuado como un tónico sobre su propia naturaleza protectora y posesiva.Regresaron al centro de la fuente, donde el vapor los ocultaba del mundo exterior. Alaric tomó las manos de Isolde, que aún temblaban ligeramente.—Ese poder... es un arma de doble filo, Isolde —dijo él, su voz resonando en las paredes de cristal—. Si no aprendes a canalizarlo, te consumirá. Valerius sabe que tu mayor debilidad es la falta de control sobre lo que sientes.Isolde lo miró, su pecho subiendo y bajando con agitación. —¿Y cómo pretendes que controle algo que nace de lo más profundo de mis instin
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