Capítulo 11: El Duelo de las Almas
El aire en la gruta se cristalizó instantáneamente. La presencia de Valerius no solo traía frío, sino una presión psíquica que hacía que las paredes de cristal lloraran gotas de agua helada. El cetro de obsidiana en su mano palpitaba como un corazón enfermo, proyectando sombras alargadas que parecían cobrar vida propia, reptando por el suelo hacia los pies de Alaric e Isolde.
—¿Crees que un mercenario y su lujuria pueden detener lo que ha sido planeado desde e