La casa de Petrov estaba en silencio cuando salté la reja. Ni siquiera tenía cámaras de seguridad. Alguien demasiado confiado. Me moví como una sombra, pegada a las paredes. La puerta trasera cedió con una ganzúa en menos de un minuto. Dentro, los pocos objetos decorativos estaban perfectamente ordenados. Subí las escaleras sin hacer ruido. La luz tenue del segundo piso me guió hasta la habitación principal.Abrí la puerta, que estaba sin llave.Perfecto.Entré y cerré detrás de mí. Me acerqué a la cama. Petrov dormía boca arriba, roncando suave, completamente ajeno.Encendí la luz.Abrió los ojos sobresaltado y yo ya estaba sobre él, le puse la navaja en el cuello, y mi otra mano tapándole la boca.—Shhh —susurré, forzando mi voz, haciéndola más grave, irreconocible—. Ni un sonido.Sus ojos, desorbitados, me miraron con terror.—Levántese.Lo llevé hasta una silla en medio de la habitación y ahí se sentó. No lo até. No hacía falta, el miedo era suficiente.Me planté frente a él, l
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