EMELY.El despacho se sumió en un silencio denso. Olivar, Garino y Sebastián me miraban con una mezcla de curiosidad y cautela. Sabían que mi conexión con Kia no solo me daba fuerza, sino acceso a una memoria que ellos, como lobos modernos, habían olvidado.—Emely —rompió el silencio Olivar, cruzando los brazos sobre el pecho—, dinos qué sabe Kia. Ese Alfa, Vargo... ¿de dónde viene realmente? No es un simple sobreviviente de una manada derrotada, ¿verdad?Cerré los ojos un segundo, dejando que la voz de Kia fluyera a través de mí. Cuando hablé, mi tono era más profundo, cargado de una sabiduría antigua.—Vargo no es nuevo —empecé, mirando el mapa sin verlo realmente—. Kia lo conoció en su era original, hace milenios. En ese entonces, no vivíamos en cuerpos humanos; eso fue un cambio impuesto por la Luna, la madre de todas las especies. Ella vio cómo nos matábamos por copular, por celos o por desamor. Para detener la carnicería, la Luna eligió a los mates: la pareja destinada.—¿Y Varg
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