EMELY.Entré al baño con el rastro de la batalla todavía quemándome en la piel. El vapor ya empañaba los espejos. Olivar estaba allí, sumergido en la bañera de piedra, rodeado de una espuma espesa que apenas lograba ocultar la tensión de su cuerpo. Al verme entrar, sus ojos se oscurecieron, fijos en cada uno de mis movimientos.Me deshice de la bata blanca sin prisa. La tela cayó al suelo, dejándome completamente desnuda. Mi estómago, con esa leve pero firme redondez del embarazo, quedó expuesto bajo la luz cálida. Sentí su mirada recorrer la línea de mi vientre hasta mis muslos, pesada y cargada de una necesidad que hacía vibrar el aire.Caminé hacia él y entré en la tina. El agua caliente me envolvió, pero el calor que emanaba de Olivar era superior. Me senté frente a él, horcajadas sobre sus piernas, sintiendo el contacto de nuestra piel húmeda.Abajo, bajo el agua y la espuma, no había rastro de calma. Su miembro, completamente erecto y vibrante de sangre, golpeó contra mi vientre
Leer más