Las nubes de tormenta que Luna había visto se acercaban rápido.Pero abajo, en el patio de entrenamiento, había otra tormenta.—¡Muere! —gritó Kael.El niño de tres años (con cuerpo de diez) extendió su mano.Una garra de sombra negra salió de sus dedos y envolvió el cuello del instructor de combate, un veterano de Sangre Negra llamado Gorn.Gorn, que medía dos metros y pesaba ciento veinte kilos, fue levantado en el aire. Pataleaba. Se llevaba las manos a la garganta invisible que lo asfixiaba.—¡Kael, suéltalo! —ordenó Damián, corriendo hacia ellos.—¡Es débil! —replicó Kael, con los ojos brillando en rojo—. ¡Si no puede respirar, no merece vivir!Gorn se estaba poniendo azul.Damián no usó magia. Usó velocidad.Se lanzó sobre Kael, placándolo contra la arena.El impacto rompió la concentración del niño. La garra de sombra se disipó. Gorn cayó al suelo, tosiendo y jadeando.Kael rugió, intentando morder a Damián.—¡Suéltame, perro!Damián lo inmovilizó con una llave experta, sujetan
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