El carruaje negro nos esperaba en el patio interior del Palacio de Invierno.
Rafael y Damián ya habían enganchado los caballos. Mateo y Víctor cargaban los últimos baúles con suministros médicos y pañales.
Kael y Luna dormían en el interior acolchado, ajenos a que estábamos a punto de cometer alta traición.
—¿Saldremos por las catacumbas? —preguntó Víctor, revisando su ballesta—. Hay un túnel de servicio que conecta con las alcantarillas.
Me ajusté la capa de terciopelo rojo sobre los hombros.