El crujido del cristal fue como un disparo en la cavidad del búnker. Gabriel no perdió un segundo; con un tirón violento, liberó la mano cuya correa había sido saboteada y, en un despliegue de fuerza bruta alimentado por la adrenalina, desató el resto de sus extremidades. El agua ya le llegaba a los tobillos, helada y oscura, arrastrando consigo la promesa de una muerte silenciosa a cientos de metros bajo la superficie.Las dos Auras se giraron al unísono. Por un instante, la complicidad entre ellas se quebró, dejando ver el pánico primario. La que estaba junto a la puerta intentaba desesperadamente hackear el panel manual, mientras que la otra, la que lo había tenido entre sus piernas instantes antes, corrió hacia él buscando refugio o, quizás, una última forma de control.—¡Gabriel, el túnel de servicio norte! —gritó la Aura de la consola—. ¡Es el único que no está presurizado para la inundación inmediata!—¿Y quién de vosotras me dejó libre? —rugió Gabriel, agarrando a la mujer más
Leer más