El agua golpeaba contra el cristal de la esclusa como un recordatorio del tiempo que se les escapaba. Gabriel, con los dedos suspendidos sobre el panel de control, sentía el peso de una decisión que no solo afectaba su vida, sino la esencia misma de su existencia. Frente a él, la Aura que había sobrevivido, la que lo había manipulado con la precisión de un relojero, lo observaba con una mezcla de súplica y ferocidad.
—Si abres esa puerta, nos ahogarás a los dos, Gabriel —advirtió ella, su voz r