El ascenso hacia la superficie fue un calvario de pulmones ardiendo y oscuridad absoluta. Cuando finalmente emergieron en la caleta de una isla olvidada por las cartas náuticas, el mundo parecía haber muerto con el búnker. La costa de Túnez se vislumbraba como una línea de fuego y sombras en el horizonte, pero para Aura y Gabriel, el espacio entre ellos era el verdadero abismo.
Se arrastraron por la arena gruesa, lejos del alcance de las olas que aún traían restos de metal carbonizado. Gabriel