Capítulo 91: El Trono de SalEl eco de las palabras de Vane —“el heredero definitivo ha sido activado”— flotaba en el aire cálido del desierto como una maldición. Gabriel miraba a Aura, y por primera vez en toda su odisea, sintió que ella estaba a kilómetros de distancia, a pesar de estar a solo un paso. La revelación de que Silas había planeado su unión desde que eran niños, manipulando sus vidas para que el destino los cruzara, convertía su pasión en algo que se sentía prefabricado, una joya tallada por manos ajenas.—No me mires así, Gabriel —susurró Aura, su voz quebrada por una rabia contenida—. No dejes que gane incluso desde la tumba.Pero el daño estaba hecho. Los soldados de la Red de Oro, hombres que Gabriel recordaba como los verdugos más despiadados de Europa, permanecían con la cabeza baja. No esperaban a una jefa; esperaban a una deidad.Vane, el custodio, se acercó a Aura con una elegancia que ocultaba su letalidad.—Señorita Valente, el refugio en las dunas está prepar
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