El despertar de Gabriel no fue un regreso a la vida, sino una caída en una nueva forma de cautiverio. Abrió los ojos y lo primero que sintió fue el frío del metal contra su espalda desnuda. No estaba en el mar, ni en la villa, ni muerto. El aire que respiraba tenía un sabor artificial, seco y filtrado, y un zumbido eléctrico constante le vibraba en los oídos.
Estaba en una habitación circular, iluminada por luces tenues que nacían del suelo. No había ventanas, solo una gran pared de cristal ref