El silencio en el oasis era más pesado que el calor asfixiante del desierto. Los mercenarios de la Red de Oro permanecían arrodillados, estatuas de obsidiana bajo el sol poniente, esperando una orden que no llegaba. La fotografía, esa pequeña pieza de papel amarillento, yacía sobre la arena como una granada de fragmentación que acababa de detonar en la médula de su existencia.
Gabriel miraba la imagen de su madre junto a un joven Silas con una expresión de vacío absoluto. Toda su vida, su carre