El horizonte de la Costa Esmeralda se teñía de un naranja sanguinolento cuando el Vesper, un yate clásico de líneas aerodinámicas y casco de madera de caoba pulida hasta el espejo, se deslizó hacia el muelle privado de la villa Valente. No hubo sirenas, ni escoltas, ni alertas de seguridad de los sistemas biométricos de Briggs. El barco poseía una "llave fantasma", un código de acceso de alta prioridad que databa de la época en que Silas Valente aún dictaba el destino de los mercados desde las sombras.Aura Valente observaba la llegada desde la terraza superior. Sostenía una copa de cristal de Murano, pero el vino parecía haberse congelado en su mano. A su lado, Gabriel Vance permanecía inmóvil, una estatua de músculo y tensión. Aura notó, con una punzada de inquietud, que la mandíbula de Gabriel se había tensado de una manera que solo ocurría cuando el peligro no era una posibilidad, sino una certeza inminente.—Ese barco debería estar en el fondo del Atlántico, junto con los secreto
Ler mais