El azul del Pacífico no era el azul de los mapas; era un zafiro líquido, una masa de agua tan profunda y antigua que parecía contener los secretos del origen del mundo. A bordo del Vortex Sovereign, un superyate de ciento cuarenta metros de eslora que funcionaba como un centro de mando móvil, Aura Valente observaba el horizonte desde la cubierta privada. La brisa marina, cargada de sal y del aroma dulce de la vegetación tropical de las islas cercanas, despeinaba su cabello con una familiaridad