El horizonte de la Costa Esmeralda se teñía de un naranja sanguinolento cuando el Vesper, un yate clásico de líneas aerodinámicas y casco de madera de caoba pulida hasta el espejo, se deslizó hacia el muelle privado de la villa Valente. No hubo sirenas, ni escoltas, ni alertas de seguridad de los sistemas biométricos de Briggs. El barco poseía una "llave fantasma", un código de acceso de alta prioridad que databa de la época en que Silas Valente aún dictaba el destino de los mercados desde las