La brisa salada de Victoria Harbour, impregnada del olor a combustible y a la humedad pegajosa de Hong Kong, golpeaba el rostro de Aura Valente mientras sostenía el detonador con una calma gélida. Lord Xisheng, el soberbio líder del Loto Blanco, retrocedía lentamente sobre la cubierta de teca del Dragón de Cristal, con el rostro desencajado. La ostentosa fiesta de neón se había transformado en una ratonera de ultra-lujo. Gabriel Vance, con la respiración acompasada pero los ojos encendidos por una sed de violencia protectora, se situó al lado de Aura, con su arma barriendo la estancia para mantener a raya a los guardias de Xisheng, quienes dudaban entre atacar o lanzarse al agua ante la inminente explosión.—Has cometido un error de cálculo fatal, Xisheng —dijo Aura, su voz elevándose sobre el murmullo del motor del yate—. Creíste que el sexo era una debilidad que podías usar contra nosotros, pero para nosotros es el combustible. Ahora, elige: o me das el código de acceso al servidor
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