El amanecer en Singapur no llegaba con la sutileza de un despertar poético; se presentaba como una bofetada de humedad tropical y calor denso que ni siquiera los sistemas de climatización de última generación del Marina Bay Sands podían mitigar por completo. Aura Valente estaba despierta mucho antes de que el sol comenzara a lamer las torres de cristal de la ciudad-estado. Se encontraba de pie frente al inmenso ventanal de la Suite Imperial, observando cómo los barcos de carga, diminutos desde