La brisa salada de Victoria Harbour, impregnada del olor a combustible y a la humedad pegajosa de Hong Kong, golpeaba el rostro de Aura Valente mientras sostenía el detonador con una calma gélida. Lord Xisheng, el soberbio líder del Loto Blanco, retrocedía lentamente sobre la cubierta de teca del Dragón de Cristal, con el rostro desencajado. La ostentosa fiesta de neón se había transformado en una ratonera de ultra-lujo. Gabriel Vance, con la respiración acompasada pero los ojos encendidos por