Durante días, Tomás se aferró a una idea como a un salvavidas: si Alma estaba embarazada, todavía había una oportunidad.
La noticia había despertado algo que creía dormido, una ilusión tardía de familia, de redención. Se repitió una y otra vez que todo podía arreglarse si lograba verla, si conseguía explicarse, si ella entendía lo que él sentía.
Decidió ir a Luminaria.
El viaje fue una sucesión de ensayos mentales: qué palabras usar, cuándo disculparse, cuándo prometer. Compró pequeños regalos