La puerta de la caja fuerte quedó entreabierta, como una boca que acababa de pronunciar una verdad demasiado grande.
Alma no se movió de inmediato. Permaneció sentada frente a ella, con las manos apoyadas en los muslos, respirando despacio, como si el aire de la habitación se hubiera vuelto más denso.
Durante días había deseado ese momento.
Durante horas había pensado que, una vez abierta, todo sería claro.
No estaba preparada para lo que encontró.
Tomó el primer documento con dedos tembloros