Tomás despertó antes de que sonara el despertador. No había pesadillas claras, solo una sensación persistente, como si algo estuviera fuera de lugar. Miró el techo unos segundos, esperando que la calma regresara sola, como siempre había hecho. No lo hizo.
Estiró la mano hacia el teléfono.
Nada.
Ningún mensaje nuevo. Ninguna llamada perdida. El silencio ya no le pareció una estrategia de Alma, sino una ausencia real. Se incorporó en la cama con el ceño fruncido, convencido de que en cualquier mo