Pasaron algunos días sin que Tomás se permitiera pensar demasiado. El proyecto nuevo absorbía todo: reuniones eternas, números, plazos imposibles. Se aferró a eso con una disciplina casi desesperada, como si mantenerse ocupado fuera una forma de no mirar el vacío que había dejado Alma.
Laura lo notó enseguida.
—Es bueno que estés enfocado —le decía—. Justo ahora, cuando ella está empezando a ceder.
Tomás asentía sin entusiasmo. Laura repetía la idea como un mantra, con pequeñas variaciones que