La tensión no se disipó con los días. Por el contrario, se transformó en ausencia.
Tomás comenzó a viajar con una frecuencia inusual. Reuniones en otras ciudades, congresos, visitas a filiales que durante los últimos tres años había delegado sin dudar. Antes, cualquier excusa era válida para no dejar sola a Alma; ahora, las valijas se armaban rápido y las despedidas eran breves, casi formales.
Alma intentó convencerse de que era solo trabajo. De que nada había cambiado realmente. Pero las noche