Luego de un par de días de viaje aéreo, por fin llegaron a Rügen, Alemania, al famoso templo de hielo en el que había vivido toda su vida. Técnicamente era una jaula de diamantes camuflada por una mansión gigante, similar a la de los Reznikov, solamente que aquí ella tenía sus cosas personales que la hacían sentir su hogar, aunque realmente no lo fuera.Aterrizaron en el área especial de los aviones privados de Erich Falkenheim, justo detrás de la mansión, en donde los esperaban los hombres armados de su padre la misma frialdad de siempre. Los únicos sujetos que habían sido amables ya no estaban, o, al menos, solo quedaba uno. Drogo. El otro había sido asesinado por los hombres de Mikhail. Uwe. Uwe antes de morir le había dado ese dispositivo auditivo porque sabía que ella también corría peligro. Los recibieron con paraguas e impermeables porque en aquel momento, se estaba desatando una tormenta helada. Eran cerca de las diez de la noche y había poca nieve, pero eso no le restaba
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