Tuvo suerte de que cuando regresó al mismo sitio donde había estado con Volker, el rubio la encontró mirando el océano, sin percibir aun que en su mirada había mucha culpabilidad.—No había el frappé de oreo que querías, pero pensé que un delicioso té helado te vendría bien—. Dijo Volker detrás de ella.Annelise se volvió para verlo y le regaló una sonrisa nerviosa.—Muchas gracias. No te preocupes—. Recibió la bebida y le dio un sorbo—. Es refrescante.Entonces el rubio la observó con más detenimiento, cada una de sus facciones y su lenguaje corporal.—¿Ocurrió algo? —preguntó, ladeando la cabeza y frunciendo el ceño. Sus ojos verdes se desviaron de un lado a otro, a la defensiva, pero ella atrapó su barbilla suavemente para que él la mirara.—Claro que no, Volker, ¿por qué preguntas? —susurró, dándole otro sorbo y le ofreció de la bebida, pero él se negó.—Te noto extraña, tienes las pupilas dilatadas y las mejillas ruborizadas, además…Las palabras quedaron suspendidas en el aire y
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