Aleksei se puso cómodo en la cama sin dejar de mirarla y ella se mantuvo un rato más sentada, esperando que el dolor de sus piernas aminorara para ponerse el pijama, pero era imposible, ya que a pesar de que la hinchazón había bajado, las erupciones continuaban y le dolía. Las rosas eran hermosas, pero no podía amarlas del todo porque cuando se estresaba, esas flores llegaban a ser letales para ella.—Cuando hayas terminado de hacer tu drama, apagas la luz porque no puedo dormir si no está oscuro—le oyó decir a él.Annelise apretó los puños, aguantando las ganas de darle una patada en los testículos para que sintiera un poco del dolor que ella estaba sintiendo en sus piernas.—Si así es como me tratas cuando ni siquiera estoy embarazada, no quiero imaginarme cuando de verdad lo esté—le espetó, molesta—. Y no dudo que vayas a querer patearme.La cama se movió bruscamente cuando él se sentó.—En el instante que me digan que estás embarazada, voy a comenzar a cuidar de mi hijo y eso te i
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