La estrategia de la serpienteEl silencio en la sala de la antigua casa, ahora renovada por el aroma a limpieza profesional, pesaba más que cualquier grito. Taylor se pasó una mano por el cabello, un gesto de frustración que intentaba contener desesperadamente. Su mirada, cargada de una mezcla de amor y terror, no se apartaba de Elena.—Elena, escúchame —dijo Taylor, con una voz que intentaba ser persuasiva, casi una súplica—. Lo que Alexander te propone no es una oferta, es una jaula. Está usando a Max como rehén emocional. Si regresas bajo esas condiciones, él tendrá el control total. No caigas en su trampa.Elena, sentada en el borde del sofá, mantenía la espalda rígida, como si estuviera sosteniendo el peso del mundo sobre sus hombros. —Lo sé, Taylor. Créeme, lo sé mejor que nadie. Pero no tengo otra opción. Es mi hijo.—Podemos pelear la custodia —insistió Taylor, dando un paso al frente—. Tengo los contactos, conozco las leyes mejor que nadie. Podemos demostrar su inestabilidad,
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