—Claro que es en serio, no jugaría con algo así, tal vez necesitamos darnos un tiempo. —La miró con ternura solo unos segundos. No hablaron más del tema, los dos días que siguieron él estuvo muy ocupado en la empresa.Todo parecía ir normal, hasta que esa tarde el ruido del cierre de la maleta la alertó.En esa habitación que compartían y que ahora parecía un mausoleo, Robert no la miró a ella.“No puedo permitirme ese lujo si quiero mantener la determinación.”, la voz de Diana interrumpió sus pensamientos. —Entonces si te vas después de todo. —Es lo mejor, tenemos que poner nuestras ideas en orden, será bueno para los dos.—¿Es en serio? —preguntó ella, con la voz rota, apoyada contra el marco de la puerta.Él se enderezó, ajustando el asa de su equipaje. Sus ojos se encontraron por un segundo, un destello de dolor que la terapia no había logrado suavizar del todo.—Te lo dije ayer. Si mi ausencia es el precio de tu paz, estoy dispuesto a pagarlo. Si eres más feliz cuando no estoy
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