La luz del mediodía comenzó a filtrarse con fuerza por los ventanales de la cabaña, pero en la suite principal, el ambiente seguía siendo de una paz reconfortante. Clara, demostrando el instinto de una madre excepcional, llevaba despierta desde muy temprano. Con un cuidado infinito para no lastimarse, ya había atendido por completo a los gemelos: les dio de comer pacientemente, cambió sus pañales y, con la guía de las enfermeras, los bañó con una delicadeza absoluta, dejándolos limpios, perfumados y envueltos en sus mantitas.Mientras tanto, al ver que Wei seguía profundamente dormido, Clara prefirió no hacer ruido. Su Dragón había pasado por días brutales de estrés, la fractura del tobillo y noches sin pegar el ojo; se merecía descansar por un largo rato. Así que, con ayuda de la seguridad, Clara bajó despacio a la sala principal con los bebés.A media mañana, Cassandra llegó a visitarla. Con toda la experiencia de haber criado a los trillizos, se sentó con Clara en la cocina para en
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