La mansión amaneció envuelta en una paz engañosa. Tras el torbellino de pasión y violencia de los días anteriores, el silencio parecía un regalo. En su habitación, Clara se levantó con una determinación renovada. Se alistó con cuidado, mirándose al espejo con la frente en alto. Al tomar su celular, la pantalla estaba inundada: 30 mensajes de Wei. Suplicas, disculpas, peticiones para hablar... Clara deslizó el dedo, leyó un par por encima y, con una sonrisa gélida, los dejó en visto.Bajó al comedor donde la mesa ya estaba servida. Cassandra, Mein Ling, el doctor Arrieta, Zhang y Wei estaban a punto de empezar.—Buenos días a todos —dijo Clara con voz clara y dulce. Saludó a su hermana, a la matriarca, al doctor y a Zhang con un gesto amable. A Wei, que la miraba con ojos de cachorro apaleado esperando una palabra, simplemente lo saltó, tratándolo como si fuera invisible.—¿Y mi cuñado Ángelo? —preguntó Clara mientras se sentaba.—Sigue durmiendo —respondió Cassandra con una sonrisita
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