El jardín no era solo un jardín; era un cuadro viviente. El cerezo rosado soltaba pétalos que flotaban sobre el lago, creando un manto de seda natural. La mesa de madera oscura, el vino, los pasteles de luna y la pasta de trufas lucían como una ofrenda sagrada.—Wei... esto es irreal —susurró ella, con los ojos brillando de asombro—. Es el lugar más hermoso que he visto jamás.De entre los sauces, Zhang y Elizabeth aparecieron. Zhang, con su porte de acero, se acercó con una inclinación respetuosa, pero con una calidez genuina en la mirada.—Bienvenida oficialmente a la familia Ling, Clara —dijo Zhang, estrechando su mano con firmeza—. Es un honor tener a alguien con tu fuerza a nuestro lado.Clara, emocionada, le respondió:—Gracias, Zhang. Te lo agradezco mucho, significa el mundo para mí.Elizabeth, luciendo radiante, se acercó y la envolvió en un abrazo.—No es solo bienvenida, es que esto es solo el principio. Yo me encargo de todo el salón, la decoración, el banquete, quiero que
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