Capítulo 9. La grieta.
Ariadna despertó antes que el amanecer.No por ruido. Por conciencia.La habitación aún estaba envuelta en sombras, pero su mente ya había vuelto a ordenar los hechos con una claridad incómoda. El cuerpo recordaba primero: el calor persistente en la piel, la cercanía reciente, la huella de una decisión tomada sin retorno. Luego llegó la otra parte, la que siempre regresaba sin pedir permiso.La razón.Se incorporó despacio, cuidando de no alterar el silencio. Elías dormía de lado, la respiración profunda, el gesto relajado de alguien que rara vez se permitía bajar la guardia. Ariadna lo observó unos segundos más de lo necesario.No había ternura en su mirada. Había evaluación.No porque no sintiera nada, sino porque sentir sin medir era un lujo que no podía permitirse. Lo ocurrido había sido intenso, inevitable, pero no era una excepción. Era una grieta. Y las grietas, si no se contenían, se expandían.Se levantó y caminó hasta la ventana. La ciudad comenzaba a encenderse a lo lejos
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