Capítulo 11. El cuerpo como lenguaje.
Ariadna entendió demasiado tarde que el problema no era solo lo que había decidido.Era lo que su cuerpo había aceptado sin pedir permiso.No era ingenua. Nunca lo había sido. Sabía reconocer el deseo, sabía contenerlo, sabía incluso ignorarlo cuando era necesario. Pero lo que sentía por Elías no se comportaba como un impulso común. No desaparecía con la distancia ni se diluía con el trabajo.Persistía.Como una corriente silenciosa bajo la piel.Esa mañana llegó a la oficina antes que nadie, como si el orden del espacio pudiera devolverle claridad. Dejó el bolso sobre el escritorio, encendió la computadora y abrió la carpeta del caso con la precisión de quien necesita recordarse quién es.Documentos. Fechas. Movimientos financieros.La lógica era su territorio seguro.Valeria entró unos minutos después, con un café en la mano y la mirada aguda de siempre.—Pareces más concentrada —observó.Ariadna levantó la vista apenas.—Lo estoy.No era mentira.Porque lo que había decidido esa
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