Capítulo 35. El rostro que reabrió el abismo
El bar del hotel Canary Riverside Plaza exudaba un lujo silencioso, con sus amplios ventanales ofreciendo una vista gélida y perfecta del Támesis. Julián Thurne estaba sentado en una de las mesas de cuero oscuro, destacando con una elegancia que parecía no esforzarse. Llevaba un pantalón de vestir de corte impecable y una camisa blanca de seda fina, de una blancura casi cegadora, desabrochada ligeramente en el cuello. El tejido de alta calidad se ajustaba a sus hombros, pero no lograba ocultar ese aire salvaje que traía del acantilado; su cabello largo, aunque bien peinado, caía con una libertad rebelde que desentonaba con la rigidez de los banqueros que lo rodeaban.Frente a él, Harry Collem agitaba su trago, estudiando a su exsocio con una mezcla de curiosidad y respeto. Tras la tragedia, haberle confesado a Julian o que presenció aquella tarde, fue, para Harry, una fuente constante de conflicto interno. Jamás estuvo seguro de si haber expuesto lo que sus ojos capturaron fue un acto
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