Capítulo 28. Orgamos en el Mausoleo de Seda I
Julian subió las escaleras de la mansión en Chelsea con Eleanor en brazos, cada peldaño de mármol un eco de su victoria, cada movimiento de ella un recordatorio de su proximidad. El vestíbulo quedó atrás, y con él, la última chispa de resistencia pública. Eleanor, aferrada a su cuello, sentía el calor de su cuerpo a través de la tela de su camisa, la dureza de sus músculos, el latido potente de su corazón contra su mejilla. La vergüenza de su situación chocaba con una corriente subterránea de pánico y una excitación prohibida.Llegaron al piso superior y Julian se detuvo frente a la puerta de caoba maciza de la suite principal. La abrió con un golpe seco de su pie, y la habitación de Eleanor se reveló ante ellos: un santuario de tonos neutros, ventanales altos y una cama king-size que dominaba la estancia, invitando al abandono.Julian cruzó el umbral y, con una suavidad inesperada que desarmó a Eleanor, la depositó en el suelo, frente a él. Sus pies descalzos tocaron la alfombra , pe
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