Capítulo 38. Arquitectos de la caída
La oficina de Maximilian Sterling en el piso 22 de la torre Shard era un monumento al ego y al orden. Todo allí era simétrico, costoso y frío. Sin embargo, esa noche, la simetría se había roto. Un vaso de cristal de roca descansaba sobre el escritorio de ébano, rodeado de un cerco de humedad que arruinaba la madera.
Maximilian no encendió las luces. Solo la iluminación de Londres, ese resplandor eléctrico y ambarino que subía desde el abismo de la ciudad, se reflejaba en su rostro. Sus faccione