El llanto llegó como un quiebre súbito, cortando el aire que todavía conservaba el calor del abrazo.Primero fue Aiden. Un quejido agudo, insistente, distinto a los otros. Luego Elian, casi al mismo tiempo, con un llanto más bajo pero continuo, como si algo profundo lo incomodara. Kael se incorporó de inmediato, el cuerpo en tensión, el lobo despertando bajo la piel.—Eso no está bien —dijo, ya de pie—. No me gusta ese sonido que hacen...Nyra apareció en la puerta, despeinada, con los ojos grandes.—Papá… —susurró—. Huelen raro...los bebés...Lysandra ya estaba caminando hacia la habitación. Tomó a Aiden primero, lo apretó contra su pecho. El niño estaba ardiendo. Elian también, cuando lo alzó, tenía la piel caliente y húmeda.—Fiebre —dijo ella, con el pulso acelerado—. Los dos....no puede ser...¿qué sucedió?Kael apoyó la mano en la frente de uno y luego del otro. Frunció el ceño.—Lós dos al mismo tiempo —murmuró.Nyra retrocedió un paso, asustada.—¿Están enfermos? —preguntó—. ¿Q
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