Lysandra se quedó unos segundos observando el caos organizado de la cocina antes de animarse a hablar; sabía que en ese momento ese no era su lugar.
—Yasmin… —dijo con suavidad— ¿Puedo ayudar en algo?
La mujer mayor levantó la vista, sorprendida. Sus ojos la recorrieron con una mezcla de cansancio y afecto sincero. Luego negó despacio.
—No, hija. Ya bastante hiciste ofreciendo —respondió, con una sonrisa cálida—. Esto es asunto de ollas y egos ajenos. Tú ve tranquila,descansa.
Lysandra asintió, algo aliviada, y estaba por retirarse cuando una presencia firme se colocó a su lado. Sebastián apareció como una sombra silenciosa, apoyando apenas dos dedos en su brazo para apartarla con cuidado del paso de los demás.
—Necesito que te prepares —dijo en voz baja, directa—. Comerás en la mesa principal. Con Kael y con Nyra, son órdenes del alfa.
Lysandra abrió los ojos.
—¿Yo? —preguntó, confundida—. ¿Está seguro? Yo…
—Kiki ya está preparando a la niña —continuó él, sin darle tiempo a terminar—