Antes de dirigirse al almuerzo, Kael se detuvo frente a Iris en el pasillo principal. La luz que entraba por los ventanales dibujaba sombras largas sobre las paredes de piedra.
—Hay algo que tienes que evitar mencionar en la mesa —dijo él, con voz baja pero firme—.
Nada de manadas. Nada de lobos.
Iris alzó una ceja, divertida.
—¿No se lo has dicho? —preguntó, ladeando la cabeza—. ¿La humana no sabe? Esto es una locura... ¿Aún no ha visto a nadie de la comunidad transformarse?
—No —respondió Kae