La mañana amaneció gris en Australia. Las nubes cubrían el cielo como si incluso el clima hubiera decidido acompañar el luto que envolvía a la familia Trovatto. Dentro de la mansión principal, el silencio era incómodo, pesado y cargado de resentimiento. Judith permanecía conectada a máquinas en el hospital, mientras Rolando Trovatto continuaba recuperándose lentamente de su delicado estado de salud. Sin embargo, lejos de reflexionar sobre todo lo ocurrido, algunos miembros de la familia habían comenzado a tomar decisiones impulsadas únicamente por el dolor y el deseo de venganza.Gabriel Trovatto permanecía de pie junto a uno de los grandes ventanales del despacho familiar. Su expresión era seria mientras observaba una carpeta llena de documentos cuidadosamente preparados por abogados y asesores de confianza. Durante años había esperado una oportunidad semejante. Ahora, con Rolando debilitado física y emocionalmente, aquella oportunidad finalmente había llegado. No pensaba desperdicia
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